Se ha escrito mucho en relación a la necesidad de cambiar el modelo productivo en nuestra economía. Si tenemos en cuenta que el modelo productivo de un país es una consecuencia directa de varios factores como, por ejemplo, las distintas decisiones políticas que históricamente se han tomado, la cultura social, la educación, o la situación de partida, las condiciones económicas y las medidas que se tomen a partir de ahora serán las que determinen el futuro modelo económico. En este contexto la investigación y la innovación juegan un papel esencial y, puesto que se trata de un proceso tremendamente largo en el tiempo, es imperativo un gran consenso social y político. Es evidente que los distintos países de la Unión Europea parten de posiciones muy distintas, de modelos productivos muy dispares. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que nos encontramos en un momento crítico en el que la UE se ha planteado un cambio en la forma en la que se relacionan entre sí las organizaciones financiadoras, las organizaciones que desarrollan la investigación y la propia Comisión Europea. Y hay que estar preparados, ya que esto puede constituir una nueva oportunidad.

Es cierto que desde hace unos años la palabra innovación aparece en todos los contextos. Pero hemos de tener en cuenta que la generación de innovación, per se, no es una garantía para el desarrollo. De hecho, se ha escrito mucho sobre el papel real de la innovación en el desarrollo que queremos para nuestra sociedad, y se ha reflexionado sobre el uso de la tecnología y su relación causa-efecto en los modelos de crecimiento económico. Esto ¿qué significa? Pues que en función del modelo de innovación que elijamos, es decir, del denominado ecosistema de innovación que formemos –y que consistirá en una determinada interacción entre empresas, universidades, organismos de investigación y centros tecnológicos, Gobierno, mercado laboral, Comunidades Autónomas, emprendedores, infraestructuras y

fuentes de financiación– los esfuerzos tendrán que ir dirigidos, por un lado, a mejorar la productividad y competitividad de las empresas y, por otro, a mejorar la empleabilidad (reducir la tasa de paro) y, desde luego, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

En función del modelo de innovación, los esfuerzos se dirigirán a mejorar la productividad y competitividad de las empresas, la empleabilidad y la calidad de vida de los ciudadanos

Y en este sentido la UE tiene las cosas claras. El pasado 27 de marzo de 2019 se produjo el acuerdo parcial entre el Parlamento y el Consejo sobre el futuro programa de investigación e innovación, Horizon Europe (HE), que se extenderá de 2021 a 2027 y en el que se destaca que la innovación es el único medio para que la UE mantenga una economía sólida, sostenible y competitiva. Pero, como no podía ser de otra manera, la UE quiere un modelo determinado de sociedad innovadora. Así, con posterioridad se establecieron disposiciones sobre las líneas generales de las actividades de investigación, los ámbitos para posibles misiones y asociaciones, la creación del Consejo Europeo de Innovación (EIC) y el refuerzo del Espacio Europeo de Investigación (ERA). Resulta destacable el hecho de que el ERA, en su nueva agenda 2019-2024, pretende invertir en educación, fomentar el emprendimiento y la innovación e incrementar los esfuerzos en investigación, en especial reducir la fragmentación de la investigación, el desarrollo y la innovación europeos.

Está claro que la UE pretende generar un ecosistema con una visión integral donde se definan los roles de cada una de las partes interesadas. De hecho, en la innovación cada una de estas partes juega un papel fundamental, y la UE pretende corregir las disfunciones de cooperación entre todos los interesados a la hora de formar el denominado “ecosistema”

Europa quiere evaluar la rentabilidad social, que va más allá de la económica, estableciendo medidas que reduzcan el riesgo intrínseco del proceso de puesta en valor del conocimiento, con lo que habría un mayor interés por innovar, emprender y percibir así de manera directa todos los beneficios que se generan, tanto a nivel privado como público.

La innovación es el único medio para que la UE mantenga una economía sólida, sostenible y competitiva

Aunque todavía se desconoce con exactitud la cifra final del presupuesto de Horizon Europe, cuya propuesta estaba en cerca de 90 mil millones de euros, lo que sí sabemos es que constará de tres pilares fundamentales: un Pilar 1 de Ciencia Excelente que incluye el ERC, las acciones Marie Skłodowska-Curie y las Infraestructuras de Investigación, con una propuesta del 28-30% de presupuesto, un Pilar 2 de Cambios Globales y Competitividad de la Industria Europea, con una propuesta del 57% -60% del presupuesto y, por último, un Pilar 3, denominado Europa Innovadora, que incluye el recientemente creado Consejo Europeo de Innovación (EIC, por sus siglas en inglés), los ecosistemas europeos de innovación y el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT), con un 14%-15%.

Hay que tener en cuenta otros niveles de maduración, aparte del puramente tecnológico para convertir la ciencia en valor. Por este motivo la colaboración se hace indispensable.

Estas cifras dejan claro que Europa, por un lado, apuesta por líneas de investigación rompedoras y de alto riesgo científico con el ERC, que tan bien ha funcionado en el anterior Programa Marco, y por otro, por una investigación más dirigida a la innovación mediante instrumentos de colaboración público-privada que ya son bastante conocidos por nuestros investigadores y en los que muchos grupos de investigación han encontrado su mejor línea de financiación, y hemos de decirlo, con bastante éxito. Pero, además, lo hace con instrumentos nuevos con los que pretende acelerar el difícil camino que supone llevar el conocimiento a soluciones concretas. Y aquí los organismos de investigación tenemos mucho que decir. La UE pretende evitar la alta tasa de mortalidad de los emprendimientos tecnológicos nacidos a partir de la academia –los organismos de investigación y las universidades– que, por lo general, se crean demasiado y se desangran financieramente en el famoso valle de la muerte. No solo por empezar en niveles de desarrollo de la tecnología (TRLs) demasiado bajos, sino por no tener en cuenta otros aspectos necesarios, como es el nivel de desarrollo en fabricación, industrialización (MRLs),  el modelo de negocio adecuado (BR) o si el cliente está preparado (CR). Estos niveles de maduración son críticos para superar la transición al modo operativo para el mercado y, por lo tanto, el próximo Programa Marco pretende ayudar con financiación a conseguirlos.

La maduración tecnológica exige una estrecha colaboración entre la academia y la industria. Sin ella resulta muy difícil conseguir que el conocimiento alcance niveles de mercado y comercialización.

¿Qué ha pasado durante los últimos 25 años para que se tengan que tomar estas medidas? Los organismos de investigación europeos, aunque con ciencia excelente, no han conseguido llegar al mercado en la medida que hubiese sido deseable. Este problema ha sido compartido por muchos países europeos con buena salud científica, e incluso con éxito en la participación en los distintos Programas Marco de la UE, y se deriva de la dificultad para transformar el conocimiento generado en estos Programas en innovación útil. Y digo útil refiriéndome al hecho de que podremos considerar que la innovación ha tenido un impacto en el desarrollo económico si técnicamente tiene un efecto transformador en la industria, y desde un punto de vista social, si tiene impacto directo sobre los ciudadanos. Por su parte, a la industria, por muchas razones, le ha resultado muy difícil alcanzar TRLs 9 a partir de los TRLs 6-7 en los que acaban los proyectos colaborativos. Quizás hubiera sido necesario un mayor esfuerzo financiador que cubriera las necesidades científicas que surgen al querer implementar conocimiento por encima de un TRL6, y no solo las necesidades tecnológicas, también necesarias evidentemente.

Nuestras autoridades son muy conscientes de la importancia de la cooperación con el mundo empresarial y financiero, lo que comienza por un acercamiento y una cooperación leal y constructiva con todos los agentes dinamizadores de los distintos ministerios. El objetivo único es mantener un 

sistema ligado en el que todos y cada uno de los eslabones ha de estar a la altura, y ser capaz de transformarse, si fuera necesario, para que las sinergias sean reales y por supuesto la estrategia única y común a todos.

Nuestras autoridades son muy conscientes de la importancia de la cooperación con el mundo empresarial y financiero

El CSIC puede jugar un papel fundamental dentro de esta estrategia dinamizadora. Nuestros científicos han demostrado año tras año estar a la vanguardia en muchos temas que hoy empiezan a constituir los frentes de actuación prioritarios marcados por Horizon Europe. La pregunta es ¿cómo podemos conseguir que esas capacidades se puedan poner en valor en los distintos instrumentos de participación que pone la UE a nuestra disposición? Es decir, planificar estrategias para conseguir incrementar nuestros fondos de investigación gracias a una participación más activa, con mayor índice de éxito, con mayor proactividad en los órganos de decisión y grupos de trabajo de organismos internacionales. Aumentar el éxito de nuestras investigaciones internacionales en su difícil camino hacia la innovación útil, mejorar la colaboración con empresas y la formación de consorcios internacionales con probabilidad de éxito, o aumentar nuestra participación en el ERC, movilizando a todos aquellos investigadores de excelencia que tenemos. En resumen, primero convencer y luego ayudar a aquellos investigadores que hacen buena ciencia en el CSIC de que pueden y tienen posibilidades de éxito en el futuro HE.

Podemos imaginar como una cadena ligada el conjunto de bloques de investigación y/o innovación necesarios para resolver un determinado problema o desarrollar un determinado producto. Problemas como el cáncer requieren del concurso de múltiples aspectos relacionados con el conocimiento, y de ahí la gran dificultad para resolverlos. Otros problemas o productos requieren menos inputs y son, por lo tanto, más asequibles, aunque requieren iguales dosis de excelencia científica. El CSIC se especializa en algunos de ellos, y el hecho de no tener la cadena completa le obliga a buscar alianzas y colaboraciones externas.

Estos son, precisamente, los ejes estratégicos de la Vicepresidencia de Relaciones Internacionales que implementa a través de sus dos Áreas de organización y su Delegación en Bruselas.

Como nuevo delegado institucional ante la UE, pretendo impulsar las necesarias funciones del ámbito de actuación de la Delegación, que son la representación institucional, la estrategia y política y el apoyo al personal directivo del CSIC.

La Presidenta del CSIC Rosa Menéndez y el nuevo Delegado Institucional durante el acto de presentación en Bruselas el pasado día 22 de enero.

En primer lugar, la representación institucional del CSIC implica fomentar la colaboración y cooperación en temas de interés mutuo con las Instituciones de la Unión Europea, pero también con otras entidades del ámbito científico europeo, especialmente con las representaciones institucionales de organismos de investigación análogos de otros países de la UE (Max Planck Society, CNRS, CNR, Leibniz, Helmholtz…), principalmente en el marco del denominado G6. Es este un marco muy interesante que nos ayuda a realizar un análisis comparativo de fortalezas y debilidades, y que nos puede ayudar a todos a mejorar muchos aspectos organizativos comunes, pero sobre todo nos permite tener una mayor fuerza de interrelación con la Comisión Europea por tratarse del núcleo duro de la investigación básica europea. Otro aspecto importante a señalar en las labores de representación institucional de la Delegación es el de apoyo a la Presidencia en sus funciones como una de las dos Vicepresidencias de la asociación Science Europe (SE), así como la participación y coordinación de miembros del CSIC en sus grupos de trabajo de SE. Por último, resulta fundamental mantener una estrecha relación con el resto de instituciones españolas presentes en Bruselas, como el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial, facilitando la ejecución conjunta de tareas comunes de apoyo a la I+I española.

En segundo lugar, la Delegación del CSIC ante la UE pretende contribuir, en colaboración con la Vicepresidencia de Relaciones Internacionales, a la formulación y ejecución de la estrategia y política científica europea del CSIC en todo lo concerniente a las actividades y políticas de I+I de las instituciones de la Unión Europea y de las organizaciones a las que pertenezca el CSIC y que estén radicadas en Bélgica.

Miembros de la Casa de la Ciencia en Bruselas el pasado día 22 de enero durante la visita del ministro Pedro Duque.

Y, por último, asistir al personal directivo del CSIC en relación con su participación en las actividades de I+I de la UE, particularmente en los Programas Marco, y de aquellas que se deriven de la vinculación del CSIC a las instituciones radicadas en Bélgica. ¿Y eso qué significa concretamente? Pues bien, la Delegación pretende hacer propuestas de estrategias transversales al equipo directivo del CSIC, de forma que podamos contribuir a los ejes estratégicos mencionados anteriormente y hacer que el CSIC siga siendo un organismo clave en la política de I+I europea.

Ramón Torrecillas San Millán

Delegado Institucional del CSIC ante la UE