Aunque el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) celebre este año su 80º aniversario, uno de sus centros, concretamente el edificio Rockefeller, que alberga en la actualidad el Instituto de Química Física Rocasolano y parte del Instituto de Estructura de la Materia, cumple 87 años.

Fue en su origen la sede del Instituto Nacional de Física y Química, heredero del Laboratorio de Investigaciones Físicas que creó en 1910 la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE). El edificio fue construido y equipado gracias a una donación realizada por la Fundación Rockefeller Jr. , como reconocimiento a la calidad de los trabajos desarrollados por Blas Cabrera, Miguel A. Catalán, Enrique Moles, Julio Palacios y otros.

Planos del edificio Rockefeller

 

El edificio se inauguró en 1932 con asistencia del ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, y del director de este Instituto Nacional de Física y Química, Blas Cabrera. También estuvieron presentes reputados científicos internacionales, como Pierre Weiss, Richard Willstätter, Arnold Sommerfeld, Otto Hönigschmidt y Paul Scherre, vinculados al antiguo Laboratorio de Investigaciones Físicas. La creación de este instituto supuso un importante esfuerzo para que España se incorporase a las corrientes científicas internacionales de la época, en lo que hoy se conoce como la Edad de Plata de las ciencias y las letras españolas.

Inauguración del Instituto Nacional de Física y Química el 6 de febrero de 1932

En 1938 se suprimió la JAE y en 1939 se creó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), al que se le traspasaron todas las competencias y centros de la JAE. En 1940 el edificio Rockefeller se convirtió así en la sede del Instituto de Física Alonso de Santa de Cruz (1940-1966) y del Instituto de Química Alonso Barba (1940-1967) del CSIC. Ambos centros fueron el germen para la creación de los institutos de Química Física Rocasolano (1946), Óptica (1946), Química Orgánica (1967) y Plásticos y Caucho (1967), ubicados en dicho edificio hasta su traslado a sus respectivas sedes actuales. Posteriormente, la evolución del Instituto de Química Física Rocasolano dio lugar a los Institutos de Catálisis y Petroleoquímica (1975) y Estructura de la Materia (1976).

La investigación desarrollada en los distintos Institutos albergados en este edificio se ha distinguido siempre por favorecer la formación de nuevos científicos dentro y fuera de España, la cooperación con centros de investigación extranjeros de gran prestigio y la introducción en nuestro país de métodos experimentales avanzados y multidisciplinares. Asimismo, la intensa actividad formativa desarrollada por estos institutos contribuyó de forma decisiva a la creación de numerosas cátedras universitarias, departamentos y laboratorios de Química Física, Química Orgánica, Química Inorgánica y Química Técnica.

Laboratorio del Instituto Nacional de Física y Química en 1932

La donación de la Fundación Rockefeller Jr. ascendió a 420.000 dólares y el Estado compró para la JAE los terrenos próximos a la Residencia de Estudiantes, en el campus de la Colina de los Chopos. El concurso público para la construcción del nuevo edificio lo ganó el proyecto presentado por los arquitectos Manuel Sánchez Arcas y Luis Lacasa que, con la colaboración de científicos e ingenieros especializados en construcción de laboratorios, diseñaron un edificio muy avanzado para su época. De hecho, es el primer edificio construido en España específicamente concebido para la ciencia experimental. Prueba del éxito de su diseño es que sigue siendo plenamente operativo 87 años después.

Fotografía histórica del edificio Rockefeller

El diseño es sobrio, flexible y funcional, con óptima iluminación natural gracias a la sucesión de ventanas, y muros de hormigón con aislamiento térmico de placa de corcho. La fachada es de ladrillo visto y el frontón de entrada descansa sobre cuatro columnas y tres arcos. Tanto la sala de conferencias como la biblioteca tienen ventanales más altos, equivalentes a dos plantas, para dar más luz al espacio. La sala de conferencias cuenta con cabina de cine y una larga mesa de caoba que dispone de canalizaciones de electricidad, agua, gas, aire comprimido y vacío para presentar experimentos a la audiencia. Según los arquitectos, el estilo colonial americano es una señal muda de reconocimiento al mecenas, puesto que Rockefeller no permite que aparezca su nombre en sus donaciones.

Fotografías históricas y actuales de la biblioteca y del salón de actos

En el Rockefeller trabajaron muchos de los grandes científicos españoles más importantes de la época, de los que citaremos algunos nombres a modo de muestra: Blas Cabrera, Eduardo Marquina, Enrique Moles, Miguel A. Catalán, Julio Palacios, Julio Guzmán o Antonio Medinaveitia. Y también un número muy significativo de mujeres para la época, puesto que la JAE favoreció la educación y la dedicación de la mujer a la ciencia: Felisa Martín Bravo, Piedad de la Cierva, Carmen González Escolar, Dorotea Barnés, Pilar Madariaga, María Teresa Salazar o Rosa Bernís, entre otras.

Instrumentos históricos del CSIC expuestos en el recibidor del edificio Rockefeller

En la actualidad el trabajo que se desarrolla en el Rockefeller es parte fundamental de la investigación española de excelencia, beneficiada también por instrumentación del máximo nivel como es la del Laboratorio de Espectroscopía de Resonancia Magnética Nuclear Manuel Rico, que ha recibido recientemente la nominación de Infraestructura Científica Singular (ICTS).

Una investigadora coloca una muestra para analizar en el espectrómetro de Resonancia Magnética Nuclear

El personal científico y de apoyo que trabaja en este edificio continúa siendo un referente internacional en la investigación multidisciplinar, con proyectos enfocados a resolver los retos actuales de nuestra sociedad en ámbitos como la salud, la biotecnología, los nuevos materiales y el medio ambiente. Toda esta investigación está claramente ligada a algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Infraestructuras y personal científico del  Instituto de Química Física Rocasolano

Texto: Amalia Bautista y Carlos González Ibañez 

Fotografías e imágenes: Yaiza González y Archivo CSIC