Los Gabinetes de Curiosidades, precursores de los actuales Museos de Historia Natural, surgen en la recta final del Renacimiento y alcanzan su máximo esplendor en el siglo XVIII. También conocidos como “Cuartos de Maravillas”, eran espacios en los que se atesoraba multitud de objetos y especímenes raros, inauditos. Algunos sorprendentes, otros extravagantes e insólitos, la gran mayoría desconocidos para el público de la época.

Bodegón de un Gabinete de Curiosidades realizado por Johann Georg Hainz (1630-1700)

Sus colecciones estaban organizadas según los tres reinos de la naturaleza, animalia, vegetalia y naturalia, y si existieron y perduraron en el tiempo fue gracias a reyes ilustrados, nobles acaudalados y el alto clero que no solo tenían curiosidad, sino, muy importante, el dinero necesario para coleccionar estos objetos asombrosos y fastuosos.

Algunos de esos objetos terminaron plasmados en láminas y estas encuadernadas en libros. Láminas como las que protagonizan el tradicional calendario y la agenda 2020 del Real Jardín Botánico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, extraídas de la obra Thesaurus que se conserva en la Biblioteca del RJB.

Burgueses, ricos comerciantes, naturalistas, médicos y farmacéuticos también formaron sus propios gabinetes de curiosidades. Ese es el caso de Albertus Seba.

Albertus Seba nació en la ciudad alemana de Etzel el 12 de mayo de 1665  y murió en  Ámsterdam el  2 de mayo de 1736. En su juventud empezó como aprendiz de boticario preparando fórmulas que contenían ingredientes animales, vegetales y minerales, siendo el comienzo de su interés por la Historia Natural. Tras completar sus estudios trabajando con distintos boticarios experimentados en Groninga, Ámsterdam, Núremberg y Estrasburgo, en 1697 se establece por su cuenta en Ámsterdam, abriendo una farmacia donde preparaba sus propias fórmulas magistrales.  

El éxito de su negocio pronto comienza a proporcionarle una buena renta que utiliza para comprar especímenes procedentes de todos los rincones del mundo traídos por los marinos al puerto de Ámsterdam, centro del comercio internacional de la época liderado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, fundada en 1602.

Seba colecciona y estudia los nuevos ejemplares comprobando sus posibles usos terapéuticos. También mantiene relación con otros médicos y coleccionistas europeos como Hans Sloane (1660-1753), Johann Jakob Scheuchzer (1672-1733) o el Conde Marsigli (1658-1730), con quienes intercambia ejemplares y comparte sus conocimientos.  Tan importante es la colección que consigue atesorar que en 1717 Seba la

Albertus Seba

vende al Zar Pedro I el Grande, (1672-1725). Estaba compuesta, según un inventario de la época, por 72 cajones de conchas marinas, 32 cajones de insectos y unos 400 tarros de animales conservados en líquido que actualmente se pueden ver en el Museo de San Petersburgo.

Un curioso y magnífico libro sobre historia natural

Su importantísima colección, junto con su vocación investigadora y divulgadora, le llevó a elaborar uno de los libros más bellos sobre historia natural jamás publicados el Locupletissimi Rerum Naturalium Thesauri…, donde describe y estampa los especímenes de las extensísimas colecciones de su Gabinete de Curiosidades. El primer tomo se imprime en 1734, el segundo en 1735, un año antes de la muerte de Seba, el tercero y cuarto aparecerían póstumamente en 1758 y 1765, editados por su amigo Arnout Vosmaer, entre otros.

Tomo I del Thesaurus de Albertus Seba conservado en el RJB

En total, el Thesaurus está compuesto por 446 láminas calcográficas de gran tamaño, de las que 175 son a doble página. La costosa publicación obligó a Seba a adelantar una parte de los gastos de producción, mientras el resto fue aportado mediante suscripciones. La obra se publicó originalmente en blanco y negro, aunque los editores ofrecían la posibilidad de adquirirlo iluminado (coloreado) a un precio considerablemente mayor.

Los comentarios de las estampas fueron publicados en ediciones bilingües latín-francés y latín-holandés. Pese a que el grueso del trabajo descriptivo fue llevado a cabo por Albertus Seba, tuvo varios ayudantes como Frederick Ruysch (1638-1731) o Peter Artedi (1705-1735).

Los dibujos originales fueron ejecutados por el pintor holandés Louis Fabritius Dubourg (1693-1775) y los grabados de cobre dirigidos fundamentalmente por Pieter Tanjé (1706-1761),

quien coordinó a un grupo de grabadores holandeses. En toda la obra predomina el interés estético sobre el sistemático, y no se tienen en cuenta los aspectos biogeográficos, combinando en la misma estampa especies de diferentes continentes y hábitats.

En cuanto a la composición de los dibujos, el pintor sitúa a los animales y plantas en posturas naturales formando escenas complejas que aportan cierta información sobre su modo de vida. Los mamíferos tienden a representarse humanizados. Las proporciones originales no se mantienen y los especímenes no suelen aparecer solapados, facilitando así su identificación. Predomina la búsqueda de simetría, muy evidente en las láminas que representan serpientes, conchas o insectos.

Una de las láminas del calendario 2020 del RJB con dibujos del Thesaurus

Regalo real al Jardín Botánico

El Thesaurus servirá de referencia fundamental para posteriores trabajos científicos, como Systema Naturae de Linneo. Seba también siente atracción por las rarezas científicas, incluyendo individuos anómalos o con malformaciones, o incluso seres mitológicos como el dragón o la hidra de siete cabezas.

El ejemplar del que se han sacado las ilustraciones del calendario y la agenda del Real Jardín Botánico, compuesto por cuatro tomos encuadernados en piel roja, fue un regalo del Infante Antonio Pascual de Borbón (1755-1817), hermano de Carlos IV, a la Biblioteca del Real Jardín Botánico, donde se conserva desde entonces. Los cuatro tomos de la obra se pueden consultar online en https://bibdigital.rjb.csic.es.

Del calendario 2020 se han editado 2.500 ejemplares y 500 de la agenda, que se pueden adquirir en la tienda del Jardín Botánico. El precio del calendario se mantiene en 12 euros, como en los años anteriores, y el de la agenda es de 20 euros, aunque, considerando su originalidad y la rareza de las imágenes que ilustran las dos publicaciones, esta mínima inversión merece la pena.