Era 2014 y Neus Sabaté se acercaba a la Vicepresidencia Adjunta de Transferencia de Conocimiento (VATC) del CSIC. Era una investigadora posdoctoral de Barcelona que había desarrollado un prototipo de sensor autoalimentado hecho de papel. La idea surgió viendo que los test de embarazo se desechaban tras un único uso.  Neus explicó el potencial tecnológico del desarrollo que había realizado junto con Juan Pablo Esquivel en la VATC, ya que en una semana tenían que pagar 15.000€ para no perder los derechos internacionales de la patente y no tenían el dinero. El CSIC apostó y pagó la patente.  Este sería el germen de FUELIUM, la empresa que finalmente montaron para explotar su prototipo. Hoy su grupo de investigación y FUELIUM han crecido de la mano. Han ganado el premio Emprendedores de Repsol, una ERC Consolidator Grant, una beca al talento ICREA para Neus, una plaza de Científico Titular para Juan Pablo, el premio al mejor prototipo 2018 de la Organic and Printed Electronics Association, han conseguido proyectos con la fundación Melinda and Bill Gates, etc. FUELIUM actualmente desarrolla pruebas de diagnóstico clínico basadas en sensores biodegradables que no necesitan pilas.

José Antonio Alonso es Profesor de Investigación del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid. En 2016 solicitó una patente, que se había presentado a un fondo de capital-riesgo que apoyaba la creación de empresas en áreas de fotónica, nanotecnología y materiales. Cuando escuchó la posibilidad de obtener financiación, pero solo si se creaba una empresa para desarrollar la tecnología, tembló ligeramente pero

no dijo nada. Cuando los inversores se fueron, él comentó en el pasillo: “Tengo más de 100 artículos, pero ninguno de mis desarrollos ha llegado al mercado. Quizás esta sea la manera. Quiero intentarlo”. Hoy la empresa BIPHASIS CATALYST está validando una prueba de concepto en una planta industrial en Finlandia. Si su nuevo catalizador pasa la prueba, habrá una oportunidad más para reducir las emisiones de CO2 y fomentar la economía del hidrógeno.

Si el nuevo catalizador del profesor Alonso pasa la prueba, habrá una nueva oportunidad para reducir las emisiones de CO2 y fomentar la economía del hidrógeno.

Javier Tamayo en el laboratorio

Javier Tamayo, del Instituto de Micro y Nanotecnología, está revisando un proyecto para realizar la justificación. En el proyecto también participa la empresa que creó hace unos años, MECWINS, especializada en el desarrollo de máquinas de detección biológica ultrasensible basadas en nanoestructuras que sirven para ver fallos mínimos en ADN. Javier se acuerda del recorrido de la empresa: “Lo que fue un infierno al inicio, ha dado lugar a empleos estables de más de 10 personas y ha posibilitado que la sociedad en el futuro pueda beneficiarse de los avances alcanzados en el laboratorio”.

Es 2019 y estamos en el salón de actos del edificio central del CSIC en Serrano, 117. Carlos Dorronsoro, del Instituto de Óptica, cuenta su experiencia en la jornada inaugural del proyecto Dinamiza, un proyecto de la VATC, cofinanciado con la Comunidad de Madrid, para fomentar el emprendimiento en Madrid. Carlos ha creado tres empresas a lo largo de su carrera, con resultado desigual. “Cuando yo empecé, me enseñaron que había que buscar financiación para investigar con el fin de publicar. Con suerte podías aspirar a que tus resultados llegaran a ser recogidos en libros. Ahora se ha ampliado este círculo, y debemos intentar llegar con un producto a la gente y generar retornos que reviertan en más investigación. Es importante motivar a los grupos de investigación a que cierren el ciclo completo”, dice 

Carlos. En la sala se comenta que cuando Carlos hizo su oposición a Científico Titular, la fase final estaba muy igualada, pero sus méritos de transferencia fueron decisivos para ganar la plaza.  Recientemente Carlos ha recibido el Premio Física, Innovación y Tecnología de la Real Sociedad Española de Física «por su investigación encaminada al desarrollo y transferencia de tecnologías ópticas con impacto social y económico”.

Susana Marcos y Carlos Dorronsoro. Foto: César Hernández

Luisa tiene la enfermedad de Chron. En 2019 ve en las noticias que se ha aprobado el primer medicamento basado en células madre de donante para tratar esta enfermedad. Mientras sus hijos juegan en el parque, una de las mamás, que trabaja en el CSIC, cuenta que esta terapia ha necesitado más de 20 años de desarrollo desde que surgió la primera patente del grupo de Mario Delgado, del CSIC. La terapia despertó el interés de CELLERIX, spin-off generada por GENETRIX, que a su vez era una spin-off del CSIC promovida por Cristina Garmendia e investigadores especializados en terapias celulares. CELLERIX en 2017 recibió, después de un gran esfuerzo, el visto bueno de la Agencia Europea del Medicamento para esta terapia celular única en Europa. Esto posibilitó la colaboración con empresas farmacéuticas internacionales, lo que ha permitido que desde 2019 la terapia se aplique, entre otros, en el sistema sanitario español.

Rueda de prensa tras la aprobación del medicamento para la enfermedad de Chron por la Agencia Europea del Medicamento

Otra mamá del grupo es periodista y piensa en hacer un reportaje en su periódico. Al final no hay reportaje, pero meses más tarde llama a su amiga del CSIC buscando una noticia, y esta vez sí, conoce una nota de prensa que permite que surja una noticia sobre envases que protegen frente a la listeria. El envase lo fabrica y distribuye la spin-off del CSIC ENCAPSULAE, segunda empresa creada por el investigador José Francisco Fernández Lozano. Su anterior spin-off, ADPARTICLES, está especializada en la fabricación y comercialización en farmacias de cremas con filtros solares más seguros y eficaces.

Estos son solo algunos ejemplos de las más de 140 spin-off que el CSIC ha impulsado en los últimos 20 años. En muchos casos el desarrollo de la tecnología y su entrada en el mercado no se logra de otra forma, debido a una falta de madurez de los distintos sectores que lleva a algunas empresas, ya existentes, a desestimar la tecnología, no valorar adecuadamente el potencial o no querer arriesgar en la valorización y desarrollo de la misma. En estos casos, la creación de una spin-off se convierte una alternativa real de transferencia y de generación de un tejido empresarial innovador en España.

La creación de una spin-off se convierte una alternativa real de transferencia y de generación de un tejido empresarial innovador en España.

La relevancia de las spin-off del CSIC en el sector empresarial innovador en las últimas décadas en España, se puede comprobar observando, por ejemplo, la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO), donde buena parte de las empresas son spin-off generadas a partir de tecnologías desarrolladas en centros públicos de investigación y hospitales españoles.  La última empresa en entrar como socia en ASEBIO ha sido la spin-off del CSIC, ubicada en Cantabria, INHIBITEC ANTICUERPOS. Al mismo tiempo, sectores emergentes como el de la nanotecnología no podrían entenderse sin el poder catalizador de las spin-off.  Más de 20 spin-off del CSIC de este sector, creadas en la última década, ofrecen soluciones disruptivas y transversales en sectores clásicos como materiales, electrónica, energía o biomedicina.

Vicepresidencia Adjunta de Transferencia del Conocimiento